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La Homofobia


El temor o rechazo hacia la homosexualidad se conoce como homofobia, un fenómeno que no es exclusivo de la población heterosexual, sino que también afecta a las relaciones entre los mismos miembros de la comunidad homosexual.

En pocas palabras, la homofobia suele definirse como el rechazo que sienten los heterosexuales hacia los homosexuales. Pero es mucho más que eso. Los homosexuales también sienten homofobia hacia si mismos, aunque no siempre
estén conscientes de ello. Además, la homofobia engloba mucho más que un simple rechazo a la homosexualidad: oculta una serie de ideas implícitas sobre los hombres y las mujeres y la relación que debe privar entre ellos.
Por otra parte, va mucho más allá de la opinión personal: la homofobia tiene funciones sociales importantes. Finalmente, como todo prejuicio, descansa no solo sobre el desconocimiento, sino sobre un conjunto de valores compartidos
por la sociedad en general.

Es importante notar, desde un principio, que la homofobia no es un fenómeno natural que exista en todas las sociedades, ni en todas las épocas; tampoco tiene siempre el mismo significado. Lejos de ser una reacción instintiva,
la homofobia refleja los valores de cada sociedad. En algunos países, la homofobia se aplica sólo a los hombres y no a las lesbianas; o sólo a los hombres que son penetrados en la relación anal, mientras que los varones
"activos" son admirados por su virilidad; o sólo a los hombres que presentan conductas o rasgos "afeminados". Notaremos también que la homofobia es una actitud eminentemente masculina: se refiere mucho más a los hombres que
a las mujeres y, tiene más que ver con cierta demostración de la masculinidad que con la orientación sexual propiamente dicha.

La homofobia violenta, la que hiere y mata, sigue existiendo en todo el mundo, y no cabe duda de que influye en los proyectos de vida de muchos homosexuales: Dónde vivir, salir o no del clóset, dedicarse a una profesión u otra son decisiones que dependen -en muchos casos- no de la preferencia personal sino del grado de peligro que representan. Esta limitación en la libertad sigue siendo una de las principales expresiones de la homofobia y explica, en parte por qué los homosexuales tienden a concentrarse en grandes ciudades en las que puedan pasar idnarvertidos o bien vivir en una comunidad gay.

Después de la homofobia peligrosa, la más importante es la que se expresa en una falta de derechos. Aunque la homosexualidad haya dejado de ser un delito sigue siendo una "enfermedad" y un "pecado" ante los ojos de vastos segmentos de la sociedad, y esto sirve como pretexto para restringir el acceso de los homosexuales a ciertas profesiones -como la enseñanza-, impedirles heredar de sus parejas, adoptar hijos, etcétera. Cuando la homofobia ya no quema a la gente
en la hoguera, ni la encierra en la cárcel, ni la obliga a seguir tratamientos médicos y psiquiátricos, la sigue privando de toda clase de derechos jurídicos, laborales y fiscales, y de una serie de garantías individuales y sociales que la población heterosexual da por sentados.

Es igualmente importante el estigma social que sigue prevaleciendo en la cultura popular -sobre todo a través de los medios masivos de comunicación- y que afecta la autoestima y las relaciones familiares y sociales de tantos homosexuales. Aparte de burlas y los insultos
que muchos varones gays han sufrido desde la infancia, la homofobia se traduce en una serie de estereotipos sumamente dañinos y, en su mayoría, falsos.

Los clichés acerca de la inmadurez emocional, la promiscuidad sexual, los celos, la violencia pasional, las adicciones y la pedofilia se derrumban cuando uno analiza con cuidado las estadísticas al respecto. Todos estos elementos están igualmente presentes en la heterosexual y a nadie se le
ocurre atribuirlos a la heterosexualidad, pero cuando se dan entre los homosexuales, suelen atribuirse a su orientación sexual. Es en esta asociación automática, irreflexiva, que reside una de las formas más
insidiosas de la homofobia.

Además, la homofobia tiende a juntar hombres y mujeres homosexuales en un amisma categoría, olvidando que estas últimas, independientemente de su orientación sexual, presentan índices mucho menores de violencia, promiscuidad, y abuso sexual.

Aquí la homofobia consiste en enfocar la homosexualidad en lugar del género, criterio mucho más importante cuando examinamos las conductas de varones gays y lesbianas. Los hombres homosexuales son mucho más similares a los heterosexuales que a las lesbianas, porque a final de cuentas siguen siendo hombres.

Y aquellas se parecen más a las mujeres heterosexuales que a los varones gays, porque siguen perteneciendo al género femenino. Pero, gracias a una serie de viejos mitos que han sido totalmente desacreditados por la
ciencia, la mayoría de la gente sigue pensando que los homosexuales tienen problemas de identidad con su género.

En efecto, mucha gente rechaza la homosexualidad porque no considera que los homosexuales sean verdaderos hombres, ni las lesbianas auténticas mujeres. Más bien, cree que se da en estos individuos una extraña combinación de los dos sexos: el homosexual es un hombre afeminado -lo cual es falso desde cualquier perspectiva- y la lesbiana es una mujer masculina -igualmente falso-. Esto inspira temor y rechazo porque se supone, de manera muy generalizada, que los dos sexos son radicalmente distintos e incluso incompatibles entre ellos. Un auténtico
hombre no puede tener rasgos femeninos -a menos que este enfermo- y una mujer con rasgos o conductas masculinas
incurre en transgresión mounstrosa.

Así, la homofobia descansa en gran medida sobre una visión polarizada de los sexos, en la cual hombres y mujeres tienen características no solo diferentes sino opuestas: el hombre viril no debe der "mujeril"; la mujer femenina no debe tener conductas "hombrunas". Sobre todo en las sociedades machistas prevalecen definiciones sumamente
rígidas de la masculinidad y feminidad; y se rechaza a los homosexuales porque se piensa que cruzan la línea divisoria entre los sexos. Además ponen en entredicho la superioridad del hombre, valor básico en toda sociedad machista. En este enfoque el homosexual, considerado un hombre afeminado, es despreciable porque se rebaja a la
condición femenina. Por su parte, la lesbiana peca de orgullo porque trata de elevarse a un estatus masculino que no le corresponde.

La homosexualidad pone en tela de juicio nuestra concepción tradicional de lo masculino y lo femenino al eliminar la demarcación tan rígida a la que estamos acostumbrados. Además los homosexuales violan una serie de creencias acerca de la relación "natural" entre los sexos: los varones gays demuestran que los hombres pueden tener conductas diferentes a las dictadas por el machismo, y las lesbianas prueban que las mujeres pueden vivir perfectamente sin el apoyo de los hombres. Ambos demuestran, asimismo, que se puede ser feliz sin necesidad de casarse ni tener hijos, cosas que se consideran absolutamente necesarias e ineluctables en el orden natural. Finalmente, la amistad entre hombres y mujeres homosexuales prueba que si puede haber igualdad y respeto entre los sexos, sin caer en los juegos de poder que caracterizan tan a menudo la relación entre los hombres y mujeres heterosexuales. La homosexualidad cuestiona por lo tanto nuestras creencias más profundas acerca de lo que significa ser hombre y ser mujer, acerca de la relación entre ambos sexos, y la "naturalidad" de instituciones como el matrimonio y la familia.

La homofobia intenta restablecer el orden "natural" de las cosas, al afirmar que los homosexuales no son verdaderos hombres ni las lesbianas auténticas mujeres, al tiempo que descalifica las relaciones homosexuales por estar al margen de las principales instituciones de la sociedad heterosexual. Esta es la función social de la homofobia: proclamar la superioridad moral de la heterosexualidad, definiéndola como "natural" y "normal". De ahí que se clasifique a los homosexuales como "anormales" y a las relaciones homosexuales como antinaturales, inestables, conflictivas, inmaduras... Pero el problema con todos estos estereotipos no es nada más que los heterosexuales los crean, sino que muchos homosexuales también los hayan asimilado como verdaderos.

Esto nos lleva al tema sumamente complejo de la homofobia internalizada, la serie de prejuicios que los homosexuales han asimilado desde su más temprana infancia y que siguen vigentes, bajo una forma u otra, durante el resto de su vida. Es importante enfatizar que todos los homosexuales que hayan asumido plenamente su orientación o no, sufren de homofobia internalizada. Es difícil reconocerla, porque toma muchas formas más o menos sutiles, Puede traducirse como en una ligera desvaloración de uno mismo, una sensación -no tan ajena a la realidad- de estar en desventaja en muchas áreas de la vida o bien en un sentimiento de fracaso. Puede expresarse como un antiguo autosabotaje, que ratifica como por arte de magia todos los clichés negativos acerca de los homosexuales como seres irresponsables y conflictivos. En casos extremos observamos en algunos homosexuales una notable aparente explicable tendencia al fracaso, en él ámbito profesional o amoroso. Todo ello está relacionado de manera directa con la homofobia internalizada.

Muchos homosexuales guardan hacia su orientación una ira oculta, un sentimiento de profunda injusticia y se lamentan de no haber sido heterosexuales. Esto se debe al hecho de haber crecido, inevitablemente, en una sociedad que inculca a todos los niños - sin excepción- valores como el matrimonio tradicional, y que se sustenta en instituciones que privilegian de muchas maneras el estilo de vida y los esquemas familiares heterosexuales. No debe sorprendernos que los homosexuales se sientan excluidos en muchas circunstancias, y que añoren el reconocimiento y los apoyos familiares y sociales que los heterosexuales reciben de manera automática. Por ello, es necesario que el homosexual lleve a cabo un duelo por la heterosexualidad, que incluya el proyecto de vida y las expectativas asociadas a dicha orientación.

Asimismo, observamos en muchos homosexuales una particular tendencia la vergüenza en términos generales, porque en el fondo se sienten avergonzados por su orientación. Por ello los varones sobre todo, pueden mostrarse susceptibles, alertas a cualquier ofensa que pudiera poner en tela de juicio su masculinidad o su sentimiento de dignidad. Muchos homosexuales se sienten observados, juzgados continuamente y no están del todo equivocados. Ya Freud había notado cierta relación entre la homosexualidad y la paranoia -y en muchos casos podemos ratificarla-, pero no es por una patología intrínseca, sino por el estigma social real que padecen los homosexuales todavía.

Nota: Texto editado para ser publicado en Only Mérida Gay; para más información puedes conseguir el especial de homosexualidad de la revista "Muy Interesante" en su número 28; ó consultar "La Experiencia Homosexual" escrito por Marina Castañeda.

Fuente: Muy Interesante No.28

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